Un mundo virtual es posible. De los
medios tácticos a las multitudes digitales
Por Geert Lovink y Florian Schneider
Resumen: En este artículo los autores abordan el debate sobre
las estrategias actuales del llamado "movimiento
antiglobalización", la mayor fuerza política que ha
surgido en décadas. Por otra parte, analizan las estrategias de
la cultura crítica de los nuevos medios en la fase
posespeculativa tras el boom de las empresas punto com. Ponen de
manifiesto cuatro fases del movimiento global, cada una de las cuales
presenta características políticas, artísticas y
estéticas diferenciadas.
1. Primera parte
1.1. Los noventa y el activismo de los medios tácticos
El término "medios tácticos" surgió tras la
caída del muro de Berlín como símbolo del
renacimiento del activismo de los medios, en una fusión de la
actividad política de la vieja escuela y el compromiso de los
artistas con las nuevas tecnologías. A principios de los
años noventa, se produjo una mayor concienciación
colectiva sobre temas de género, un crecimiento exponencial de
las industrias mediáticas y una disponibilidad cada vez mayor de
productos económicos que no requerían demasiada
experiencia para su montaje o utilización; este conjunto de
factores generó un nuevo sentido de autoconciencia entre
activistas, programadores, teóricos, comisarios y artistas. Los
medios ya no se consideraban simples instrumentos para la Lucha, sino
que se concebían como entornos virtuales cuyos parámetros
estaban permanentemente "en construcción". Era la edad de oro de
los medios tácticos, una época abierta a temas de
estética y experimentación con formas alternativas de
contar historias. No obstante, estas tecnoprácticas liberadoras
no se tradujeron immediatamente en movimientos sociales visibles, sino
que simbolizaron la celebración de la libertad de los medios, un
importante objetivo político en sí mismo. Los medios
utilizados –desde vídeos, CD-ROM, casetes, fanzines y panfletos
hasta estilos de música como el rap y el tecno– variaban mucho,
al igual que lo hacía el contenido. Se compartía el
sentimiento de que las actividades motivadas por factores
politícos, fueran estas artísticas, de
investigación o de abogacía, ya no formaban parte de un
gueto políticamente correcto, y podían intervenir en la
"cultura pop" sin tener que comprometerse necesariamente con el
"sistema." Como todo estaba preparado para las negociaciones, se
pudieron formar nuevas coaliciones. Los movimientos que se están
produciendo en el mundo no pueden entenderse fuera de la variada y, a
menudo, tan personal libertad de expresión digital.
1.2. 1999-2001: El período de las grandes movilizaciones
Hacia finales de los noventa, la "época sin movimientos"
posmoderna pasó a la historia. El malestar organizado contra el
neoliberalismo, las políticas de calentamiento del planeta, la
explotación laboral y otros muchos asuntos convergieron.
Provisto de redes y argumentos, apoyado por años de
investigación, un movimiento híbrido –etiquetado
erróneamente por los medios de comunicación de masas como
"antiglobalización"– cobró fuerza. Una de las
particularidades de este movimiento reside en su aparente incapacidad y
falta de interés para responder a la pregunta típica de
cualquier movimiento en auge o de cualquier generación en
marcha: ¿qué es lo que hay que hacer? No hubo y no hay
respuesta, como tampoco hay alternativa –ni estratégica ni
táctica– al orden mundial actual, a la imperante
globalización.
Y tal vez la conclusión más importante y liberadora sea
esta: no podemos volver al siglo XX, al proteccionismo del
estado-nación y a las terribles tragedias de la "izquierda". Ha
sido positivo recordar el pasado, e igualmente bueno deshacerse de
él. La pregunta "¿qué es lo que hay que hacer?" no
debería interpretarse como un intento de reintroducir algunos de
los principios leninistas. Los conceptos de estrategia,
organización y democracia son atemporales. No queremos
desempolvar viejas políticas y tampoco creemos que se pueda
descartar esta pregunta tan importante alegando los crímenes
cometidos en nombre de Lenin, por muy justificados que estén
tales argumentos. Quizás, cuando Slavoj Zizek se mira en el
espejo, ve a "papá Lenin", pero eso no le sucede a todo el
mundo. Es posible despertarse de la pesadilla de la historia del
comunismo y plantearse (todavía) la pregunta: ¿qué
es lo que hay que hacer? ¿Puede una "multitud" de intereses y
procedencias plantear esa pregunta o sólo es posible el programa
definido por el calendario de cumbres de líderes mundiales y la
élite empresarial?
Sin embargo, el movimiento ha crecido rápidamente. A primera
vista da la impresión de que utilice unos medios bastante
aburridos y tradicionales: la movilización en masa de decenas de
miles de personas en las calles de Seattle, cientos de miles en las de
Génova. No obstante, las redes de medios tácticos
desempeñaron un papel importante en su nacimiento. A partir de
ese momento, la pluriformidad de temas e identidades se hizo realidad.
La diferencia ha venido para quedarse y ya no necesita legitimarse ante
autoridades superiores como el partido, el sindicato o los medios. En
comparación con décadas anteriores, éste es su
mayor logro. Las "multitudes" no son un sueño ni una especie de
invención teórica, sino una realidad.
Si hay una estrategia, no es la contradicción, sino la
existencia complementaria. A pesar de las deliberaciones
teóricas, no existe contradicción entre la calle y el
ciberespacio. Al contrario, la calle estimula al ciberespacio. Las
protestas contra la OMC, contra las políticas neoliberales de la
UE y las convenciones de los partidos se organizan frente a la prensa
de todo el mundo. Indymedia aflora como un parásito de los
medios de comunicación de masas. Lejos de tener que llamar la
atención, las protestas tienen lugar ante los medios de
comunicación de todo el mundo durante cumbres de
políticos e importantes empresarios, que buscan un
enfrentamiento directo. Si no, se escogen lugares simbólicos
como, por ejemplo, regiones fronterizas (Europa Oriental-Europa
Occidental, EE.UU.-México) o centros de detención de
refugiados (aeropuerto de Frankfurt, base de datos centralizada Eurocop
de Estrasburgo, centro de detención Woomera del desierto
australiano). Más que oponerse a ello, el alcance mundial del
movimiento añade al modelo gobernante de globalización un
nuevo nivel de globalización desde abajo.
1.3. Confusión y resignación tras el 11 de septiembre
A primera vista, el futuro del movimiento es confuso e irritante. Las
ambiciosas perspectivas de la antigua izquierda que nos brindaron
Chomsky, Pilger y otros autores de la época del boom de
natalidad, y que explican el imperialismo estadounidense y su
política exterior unilateral y agresiva, son leídas con
interés, pero ya no aportan una visión global. En un
mundo policéntrico, las teorías de la conspiración
sólo sirven de consuelo temporal a los desconcertados. No es
necesaria la condena moral del capitalismo: los datos y los
acontecimientos hablan por sí solos. Las personas salen a la
calle guiadas por la situación, no por un análisis (ni el
nuestro ni el de Hardt y Negri). Los pocos izquierdistas que quedan ya
no pueden aportar una ideología al movimiento, puesto que
éste funciona perfectamente sin ellas. "No necesitamos vuestra
revolución." Incluso los movimientos sociales de los años
setenta y ochenta, encerrados en sus estructuras de ONG, pasan un mal
rato intentando no quedarse atrás. Las nuevas formaciones
sociales se apoderan de las calles y de los espacios mediáticos
sin sentir la necesidad de ser representadas por alguna autoridad
superior, ni siquiera por los heterogéneos comités que se
reúnen en Porto Alegre.
Hasta ahora, este movimiento ha estado sujeto a unas coordenadas de
espacio y tiempo claramente definidas. A pesar de ello, lleva meses
movilizar multitudes y organizar la logística –desde autobuses y
aviones, pasando por campings y hostales, hasta centros
mediáticos independientes. Este movimiento es cualquier cosa
menos espontáneo (aunque tampoco pretende serlo). Las personas
que recorren cientos o miles de kilómetros para participar en
las manifestaciones se guían por una preocupación real,
no por una idea romántica del socialismo. Esa pregunta tan
gastada de "¿reforma o revolución?" suena más bien
a chantaje para intentar obtener una respuesta políticamente
correcta.
La contradicción entre egoísmo y altruismo también
es falsa. La globalización empresarial respaldada por el estado
nos afecta a todos. Los organismos internacionales como la OMC, el
Protocolo de Kioto sobre el calentamiento del planeta, o la
privatización del sector energético ya no son temas
abstractos de los que se ocupan los burócratas y miembros de
lobbys (de ONG). Esta percepción política ha sido el
salto más espectacular de los últimos tiempos. Entonces,
¿se trata de la Última Internacional? No. No hay vuelta
atrás a un estado-nación, a los conceptos tradicionales
de liberación, la lógica de la transgresión y la
transcendencia, la exclusión y la inclusión. Las luchas
ya no se proyectan sobre un Tercero lejano que nos suplica apoyo moral
y dinero. Finalmente, hemos llegado a la era de la postsolidaridad. En
consecuencia, los movimientos de liberación nacional han sido
reemplazados por un nuevo análisis del poder, que es
increíblemente abstracto, simbólico y virtual a la vez,
pero terriblemente concreto, detallado y profundo.
1.4. El reto actual: eliminar el tercer período regresivo de
protesta moral marginal
Por suerte, el 11 de septiembre no ha tenido efectos inmediatos en el
movimiento. La elección entre Bush y Bin Laden era irrelevante.
Ambos sistemas fueron rechazados por considerarse fundamentalismos
devastadores. Se tuvo mucho cuidado en evitar la pregunta más
obvia de todas, "¿qué "terror" es peor?", pues nos
alejaba de las apremiantes necesidades del día a día: la
lucha por un salario que permita vivir, un transporte público
decente, asistencia sanitaria, agua, etc. Dado que tanto la democracia
social como el socialismo realmente existente dependían en gran
medida del estado-nación, la vuelta al siglo XX suena tan
catastrófica como todas las desgracias que dicho siglo
comportó. El concepto de multitud digital es esencialmente
diferente y se basa por completo en la franqueza. En los últimos
años, las luchas creativas de las multitudes han dado resultado
en muchos ámbitos diferentes: la dialéctica de recursos
abiertos, fronteras abiertas, conocimiento abierto. Aún
así, el hecho de que los conceptos de franqueza y libertad hayan
penetrado profundamente en el principio de lucha no supone en
ningún caso un compromiso para la codiciosa y cínica
clase neoliberal. Los movimientos progresistas siempre se han
preocupado por la democratización radical de las normas de
acceso, la toma de decisiones y la repartición del rendimiento
obtenido. Por lo general, se partía de un terreno común
ilegal o ilegitimado. Dentro de los límites del mundo
analógico, esto conducía a la formación de todo
tipo de cooperativas y empresas autogestionadas, cuyas nociones
particulares de justicia se basaban en los esfuerzos para burlar el
brutal régimen del mercado, así como en las diferentes
formas de ocuparse de la escasez de recursos materiales.
No buscamos únicamente una igualdad real en el ámbito
digital. Nos encontramos en medio de un proceso que constituye la
totalidad de un ente revolucionario, tan global como digital. Debemos
desarrollar mecanismos para leer los datos en bruto de movimientos y
luchas, así como mecanismos para hacer legible su conocimiento
experimental; para codificar y descodificar los algoritmos de su
singularidad, inconformidad e inconfundibilidad; inventar, actualizar y
poner al día la narrativa y la imagen de una auténtica
conexión global; abrir el código fuente de todo el
conocimiento que circula e instalar un mundo virtual.
Llevar estos esfuerzos hasta el nivel de producción supone un
reto para las nuevas formas de subjetividad, lo cual nos lleva casi
necesariamente a la conclusión de que todo el mundo es experto.
El superflujo de recursos humanos y la genialidad de la experiencia
diaria se pierde radicalmente en la "academificación" de la
teoría de la izquierda radical. El nuevo paradigma
ético-estético reside en la conciencia pragmática
del trabajo afectivo, en la actitud ingenua de una clase trabajadora
digital, en la omnipresencia de luchas migratorias y muchas otras
experiencias sin fronteras, en la profunda noción de amistad
tanto en los entornos cibernéticos como en el mundo "real".
2. Segunda parte
Veamos ahora las estrategias del arte y el activismo por Internet. La
cultura crítica de los nuevos medios se enfrenta a duros
recortes presupuestarios en el sector cultural y a una hostilidad e
indiferencia cada vez mayores hacia los medios. Pero, ¿no es
cierto que el poder ha pasado al ciberespacio, como un día
afirmó el Critical Art Ensemble? No lo parece si tenemos en
cuenta la infinidad de manifestaciones que se celebran en las calles de
todo el mundo.
El movimiento de Seattle contra la globalización empresarial
parece haber cobrado fuerza –tanto en las calles como en la red.
¿Podemos hablar, entonces, de una sinergia entre las protestas
en las calles y el activismo en forma de piratería
informática en la red? No. Sin embargo, estos dos
fenómenos tienen en común un escenario conceptual
(temporal). Tanto las protestas reales como las virtuales corren el
riesgo de quedarse atrapadas en un "modelo de manifestación"
global que ya no se base en temas reales ni en situaciones locales, lo
que significa que el movimiento no va jamás más
allá. A primera vista, reconciliar lo virtual y lo real parece
una actuación retórica fascinante. Los pragmatistas
radicales han enfatizado a menudo la personificación de las
redes en la sociedad de la vida real, prescindiendo de la
contradicción real/virtual. El ciberactivismo, como el propio
Internet, siempre es híbrido, una fusión entre lo viejo y
lo nuevo, obsesionado por la geografía, el género, la
raza y otros factores políticos. No existe una zona
incorpórea pura de comunicación global, tal como
afirmó la cibermitología de los noventa.
Ecuaciones como, por ejemplo, "calle más ciberespacio", "el arte
encuentra a la ciencia" y "tecnocultura", son enfoques
interdisciplinarios interesantes, pero está demostrado que
tienen muy poca influencia más allá del nivel
simbólico del diálogo y el discurso. El hecho es que las
disciplinas establecidas están a la defensiva. Los "nuevos"
movimientos y medios no están aún lo suficientemente
maduros para cuestionar y desafiar los poderes actuales. En un clima
conservador, la afirmación "personificar el futuro" se convierte
en un gesto débil y vacío.
Por otro lado, la llamada de muchos artistas y activistas al regreso a
la "vida real" no nos ofrece una solución para saber cómo
los nuevos modelos mediáticos alternativos se podrían
elevar al nivel de la cultura (pop) de masas . En efecto, las
manifestaciones en las calles aumentan el nivel de solidaridad y nos
permiten dejar de lado la soledad diaria de las interfaces
unidireccionales.
A pesar de lo ocurrido el 11 de septiembre y de las consecuencias
políticas de la derecha, los movimientos sociales de todo el
mundo cobran cada vez mayor importancia y visibilidad. No obstante,
deberíamos preguntarnos "¿qué viene después
del modelo de manifestación" tanto de los medios de
comunicación como de los movimientos?
No estamos en los años sesenta. El nivel negativo, puro y
modernista de lo "conceptual" ha topado contra el grueso muro del
modelo de manifestación tal como lo describió Peter
Lunenfeld en su libro Snap to Grid. La pregunta es: ¿cómo
ir más allá del prototipo? ¿Qué
vendrá después del cerco a otra cumbre más de los
directores ejecutivos y sus políticos? ¿Durante
cuánto tiempo más puede crecer un movimiento y seguir
siendo "virtual"? O, en el ámbito de la informática,
¿qué vendrá después del modelo de
manifestación, después de las innumerables presentaciones
de PowerPoint, pruebas de banda ancha y animaciones Flash? ¿Se
escapará algún día Linux del gueto geek? La
agradable sensación que produce la multitud libre y siempre
creciente (Elias Canetti) se desvanecerá; poco a poco nos
cansaremos de las manifestaciones. Podríamos preguntar:
¿tiene acaso tu versión de Utopía fecha de
caducidad?
En lugar de crear otro concepto, es hora de preguntarse cómo se
pueden instalar el software, las interfaces y los estándares
alternativos en la sociedad. Algunas ideas pueden adoptar la forma de
un virus, pero la sociedad puede responder con programas antivirus
más eficaces si cabe: apropiación, represión y
desobediencia. Nos enfrentamos a una crisis de escalabilidad. La
mayoría de movimientos e iniciativas han caído en una
trampa. La estrategia de convertirse en "menor" (Guattari) ya no es una
elección positiva, sino una opción por defecto.
Diseñar un virus cultural eficaz y obtener millones de hits en
tu weblog no te llevará más allá del ámbito
de un "espectáculo" efímero. Los culture jammers
(contracultura publicitaria) han dejado de ser fugitivos; aun
así, se les debería considerar expertos de la
comunicación de guerrillas.
Los movimientos de hoy corren el peligro de quedarse atascados en un
modelo de protesta autocomplaciente. El acceso al proceso
político se ha bloqueado de forma eficaz, por lo que la
mediación adicional parece ser la única opción
disponible. Sin embargo, adquirir cada vez más "valor de marca"
en términos de conciencia colectiva podría tener
consecuencias similares a las acciones sobrevaloradas: pueden valer la
pena o pueden resultar inútiles. El orgulloso "ya te lo dije"
les está subiendo la moral a las multitudes minoritarias, pero
al mismo tiempo delega luchas justificadas en las "Comisiones de verdad
y reconciliación" oficiales (generalmente del Parlamento o el
Congreso), una vez que el daño ya está hecho.
En lugar de abogar por la "reconciliación" entre lo real y lo
virtual, reivindicamos una rigurosa síntesis entre movimientos
sociales y tecnología.
En lugar de adoptar la posición "el futuro es ahora" procedente
del ciberpunk, se podrían obtener muchos más beneficios
si se llevara a cabo un replanteamiento radical de las revoluciones
tecnológicas de los últimos 10 ó 15 años.
Por ejemplo, si hay algo que artistas y activistas pueden aprender del
auge y del subsiguiente fracaso de las empresas punto com, es la
importancia del márketing. La atenta mirada de la
economía punto com resultó inútil.
Este es un campo de conocimiento auténticamente tabú. Las
empresas punto com invirtieron todo su capital en publicidad
(mediática antigua). Esa idea suya de que la atención
generada por los medios atraería automáticamente a los
usuarios y los convertiría en clientes no tenía
fundamento. Y se podría decir lo mismo de los sitios web de los
activistas. La información nos "forma". Sin embargo, esta nueva
conciencia produce cada vez menos resultados en lo que se refiere a la
envergadura de las acciones. Los activistas sólo están
empezando a entender el impacto de este paradigma. ¿Qué
pasa si la información circula únicamente por su propio
mundo paralelo? ¿Qué es lo que hay que hacer si las
manifestaciones en las calles se convierten en parte del
espectáculo?
Las tensiones y polarizaciones cada vez mayores que se describen en
este artículo nos obligan a cuestionarnos los límites del
discurso de los nuevos medios. En la era de los acontecimientos
mundiales en tiempo real, la definición de arte de Ezra Pound
como antena de la raza humana muestra su naturaleza pasiva e
interesada. El arte ya no se encuentra en sus inicios. Uno ya puede
darse por satisfecho con que responda a conflictos
contemporáneos, y el sector artístico de los nuevos
medios no es una excepción. Las artes de los nuevos medios se
deben reconciliar con su condición como efecto especial del
hardware y software desarrollado hace años.
Las prácticas críticas de los nuevos medios han tardado
en reaccionar ante el auge y el fracaso de las empresas punto com. En
medio del apogeo especulativo de la cultura de los nuevos medios (que
se produjo a mediados de los noventa, antes de la aparición de
la World Wide Web), teóricos y artistas se entusiasmaron con la
idea de que pudieran haber tecnologías innaccesibles y
aún no existentes, como por ejemplo, la realidad virtual. El
ciberespacio generó una amplia colección de
mitologías; se debatió encarnizadamente sobre temas de
personificación e identidad. Tan solo cinco años
después, mientras las acciones de valores tecnológicos
estaban por las nubes, quedaba ya muy poco de la excitación
inicial experimentada en los círculos intelectuales y
artísticos. La cultura tecnoexperimental se perdió lo del
funny money (dinero virtual). Recientemente ha habido un estancamiento
de las culturas de los nuevos medios, tanto en lo que respecta a los
conceptos como a los fondos. Millones de nuevos usuarios navegan en
tropel por la red, por lo que las artes ya no pueden seguir el ritmo y
se encierran en su propio y reducido mundo de festivales, listas de
correo y talleres.
Mientras las instituciones de arte de los nuevos medios, en un intento
por conseguir clientela y renombre comercial, siguen presentando a
artistas como si trabajaran en la vanguardia del desarrollo
tecnológico, la realidad es muy diferente. La clientela y el
renombre comercial multidisciplinarios son siempre bajos. En el mejor
de los casos, los productos de los artistas mediáticos son
"modelos de manifestación", tal como lo describe Lunenfeld. A
menudo, ni siquiera alcanzan ese nivel. El arte de los nuevos medios,
en palabras de las escasas instituciones que se dedican a ello, en
raras ocasiones llega a un público fuera del círculo de
su propia subcultura de arte electrónica. La desesperada lucha
por establecer un "sistema artístico de los nuevos medios"
autoreferencial a través de una diferenciación
frenética de trabajos, conceptos y tradiciones, se podría
considerar un callejón sin salida. Los museos y coleccionistas
más importantes simplemente no aceptarán el arte de los
nuevos medios. ¿Por qué esperar entonces algunas
décadas? ¿Por qué exponer el arte
cibernético en cubos blancos? La mayoría de las
organizaciones de arte de los nuevos medios como, por ejemplo, el ZKM,
el Ars Electronica Centre, el ISEA, el ICC o el ACMI, no poseen
ningún talento para la tecnoinocencia, puesto que no son ni
críticas ni radicalmente utópicas en su enfoque. De
ahí que el sector de las artes de los nuevos medios, a pesar de
su crecimiento constante, se esté aislando cada vez más,
incapaz de enfocar los asuntos del mundo globalizado actual, dominado
por (la guerra contra) el "terror". Seamos realistas, la
tecnología ya no es "nueva", los mercados están a la baja
y todo el mundo se desentiende. No sorprende pues que el mundo del arte
(visual) contemporáneo siga boicoteando desde hace una
década las obras de arte de los nuevos medios (interactivos) en
galerías, bienales y exhibiciones como Documenta XI.
Parece necesario volver a realizar un estudio profundo sobre la
función de las artes y la cultura dentro de la sociedad red
actual. Vayamos más allá de las intenciones
"tácticas" de los actores que forman parte de la función.
El ingeniero artista, en su intento por reparar las interfaces
alternativas entre el hombre y la máquina, así como el
software social o la estética digital, ha estado actuando en un
vacío autoimpuesto. La ciencia y los negocios han logrado
ignorar a la comunidad creativa. Y lo que es peor, se ha marginado
seriamente a los artistas en nombre de la "utilidad", se han visto
desplazados por un movimiento de reacción violenta contra el
diseño de páginas web liderado por el gurú de la
informática Jakob Nielsen. La rebelión contra la utilidad
está a punto de producirse. Lawrence Lessig sostiene que la
innovación en Internet está en peligro. La
generación más joven está dando la espalda a las
preguntas del arte de los nuevos medios y, en el hipotético caso
de que se involucren, actúan como activistas anticorporativos.
Tras el fracaso de las empresas punto com, Internet ha perdido
rápidamente su atracción imaginativa. El intercambio de
archivos y teléfonos móviles sólo puede llenar el
vacío temporalmente; los que un día fueran artilugios tan
glamurosos empiezan ahora a formar parte de la vida diaria. Esta
tendencia a largo plazo, y que actualmente avanza con más
rapidez, socava seriamente cualquier futura reivindicación de
los nuevos medios.
Hay otro asunto que afecta a las generaciones. Mientras que la
generación del boom de natalidad del 68 se apropió del
dominio del vídeo y de las caras instalaciones interactivas, la
generación del 89 se ha apoderado de Internet, de uso gratuito.
Sin embargo, la red resultó ser una trampa para ellos. Mientras
los activos, los cargos y el poder siguen en manos de la envejecida
generación del 68, la apuesta por el auge del arte de los nuevos
medios no valió la pena. Una vez desvanecido el capital
empresarial, aún no existe un sistema sostenible de ingresos
para Internet. Las burocracias educativas, con su lento funcionamiento,
todavía no han conseguido entender el malestar de los nuevos
medios. Las universidades todavía están en proceso de
establecer departamentos para los nuevos medios. Pero algún
día todo esto llegará a su fin. Los más de
cincuenta presidentes permanentes y rectores deben sentirse satisfechos
de su constante sabotaje. En cualquier caso, ¿qué es lo
que resulta tan novedoso de los nuevos medios? Después de todo,
a la tecnología se le dio mucho bombo, fue promocionada por los
criminales de Enron y WorldCom. A los estudiantes les basta con usar un
poco el correo y navegar por la red, protegidos por una intranet
filtrada y controlada. En medio de este creciente tecnocinismo, es
necesario analizar con urgencia la ideología de los noventa y su
tecnolibertarianismo. Si no disociamos rápidamente los nuevos
medios de la década anterior, el aislamiento del sector de los
nuevos medios hará que más tarde o más temprano
dicho sector llegue a su fin. Transformemos el zumbido de los nuevos
medios en algo mucho más interesante –antes de que otros lo
hagan por nosotros.
Enlaces relacionados:
LOVINK, Geert; SCHNEIDER, Florian. El ABC de los medios
tácticos. Aleph:
LOVINK, Geert; SCHNEIDER, Florian. El DEF de los medios
tácticos. Aleph:
LOVINK, Geert; SCHNEIDER, Florian. El GHI de los medios
tácticos. Artnodes. UOC:
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LOVINK, Geert; SCHNEIDER, Florian (2003). "Un mundo virtual es posible.
De los medios tácticos a las multitudes digitales". Artnodes
[artículo en línea]. UOC. Lunes 8 de agosto de 2005, por
ediciones simbioticas
Título original: A virtual world is possible. From tactical
media to digital multitudes
fonte:
http://www.edicionessimbioticas.info/Un-mundo-virtual-es-posible-De-los,502